Yury Andrea Marín Salazar

Animadora teatral y Gestora de memoria

Grupo teatral juvenil y comunitario Arriba el telón – Comuna 1 de Cali, Valle del Cauca.

Programa Jóvenes teatro y comunidad – Teatro Esquina Latina

Memorias Sentidas

Somos según nuestras memorias, en ellas guardamos no solo el recuerdo de lo que pasó; sino también las emociones que nos causó ese pasado que se manifiesta en cómo somos en el presente. Aunque vivamos una misma situación con otras personas, siempre tendrá el sello de cómo percibimos individualmente ese hecho en nuestra experiencia interior cargada de miedos, alegrías, tristeza, amor, rencor u otras emociones que forman vínculos entre los sucesos, lugares, elementos y otras personas con nosotros mismos.

Todo lo que vivimos está relacionado o conectado con otras voces y por ende, con otras miradas porque nuestras experiencias están compartidas con los escenarios que habitamos, las personas que nos rodean, las culturas que se manifiestan y otros hechos adyacentes que se interrelacionan con las memorias colectivas.

“Para una cartografía del recuerdo”. Fotografía: Isabel Cristina Gil Valencia para el CNMH, 2020.

En la comuna 1 de la zona ladera de Cali hemos realizado con el grupo teatral, juvenil y comunitario Arriba el Telón unos “Mapas Andantes”, donde recorrimos el barrio por lugares de memoria. Ahí vimos cómo los antiguos bailaderos fueron motivo de festejo, pero también fueron espacios de riñas que terminaban con desenlaces trágicos; y por otro lado, vimos cómo se llevó a cabo un proceso de paz entre las pandillas, iniciado por los deseos de la misma comunidad cansada de salir con miedo a las calles. Fue justo así que los relatos de las personas que nos contaron sus vivencias personales se convertían en una memoria colectiva y ahora eran un reflejo para nosotros entender nuestro territorio, para así hacer historias metafóricas en el escenario con la comunidad y para la comunidad.

La situación de la pandemia por el COVID-19 nos llevó a hacer “Mapas Parlantes”, ya no podíamos recorrer los territorios ni reunirnos en un mismo espacio, pero sí en un mismo espacio desde la virtualidad y seguir compartiendo las memorias o experiencias. Allí fue importante la influencia de las palabras de los invitados especiales, quienes nos llevaban a conocer la historia o experiencias significativas en pro de la paz en nuestras localidades, una vez más la memoria nos unió como comunidad.

Se escucharon experiencias no solo de nuestro territorio origen, también las de los otros grupos del programa Jóvenes Teatro y Comunidad, lo que nos permitió reconocer que somos una pequeña comunidad que se relaciona con otra haciéndonos región y como tal también nos afectan situaciones en común. A su vez, vivimos una alternativa de solución para no interrumpir los procesos de memoria por la pandemia, una experiencia que nos une a nivel mundial y donde esa pequeña comunidad se hace gigante.

Si las voces son importantes en la reconstrucción de la memoria, ahora imaginar las historias que nos cuenta el radioteatro nos brinda la posibilidad de ir oyendo a medida que recreamos en la mente los escenarios, atmósferas, los personajes y demás sonidos que estimulan la imaginación. Iniciamos escuchando radioteatro en el espacio de ensayo del grupo teatral, donde al final compartimos comentarios de la experiencia mágica de radioescuchar, pero con la pandemia cada uno lo escuchamos desde casa, compartiendo con la familia mediante las transmisiones de Facebook y a su vez, conversando con otros de otras partes del mundo en el chat, compartiendo una vez más vínculos de memoria.

Cuando se tomaron las medidas de aislamiento por la pandemia, la incertidumbre de no saber sí nos volveríamos a ver y que quizás no seguiríamos yendo a las clases de teatro fue una preocupación para todos en el grupo y más cuando el encierro se hacía más monótono. Pero haber emprendido la metodología de hacer teatro en casa fue una luz revitalizante, ahora nuestras casas eran los escenarios, en ocasiones algunos familiares eran personajes o público, los utensilios de la casa eran la utilería y quizás un mantel era el vestuario.

Era la oportunidad de seguir creando, claro no teníamos buena tecnología, así que la conexión se caía, nos escuchábamos intermitentes o no podíamos entrar a la clase; pero se convirtió en una lucha de resistencia, de no dejarnos vencer y mantener el teatro vivo en nosotros, nuestras casas y nuestra comunidad.

Es aquí donde se evidencia nuestra responsabilidad como gestores de memoria, porque resistimos para mantener vivo no solo el teatro, sino la memoria, ya que generamos espacios que posibilitan los relatos y narrativas de las experiencias vividas, donde se conversan y se recrean las historias que nos identifican como comunidad para ser reflexionadas. Esta parte es justo la labor más importante del gestor de memoria, ya que no se trata solo de recuperar la memoria sino de confrontarla y reconocer cómo afecta positiva o negativamente esa situación y pensar alternativas de solución.

Por esta razón, los animadores aportamos en este proceso desde el arte, guiando a la comunidad a encontrar un lenguaje poético para expresar sus memorias y los sentires que vienen vinculados a estas, para ponerlo en conversación con un público que es también la comunidad de su territorio y quienes en sus interpretaciones de la obra poética se identifican y sacan a relucir sus pensamientos y emociones, donde no solo ven el panorama negativo sino todas aquellas aristas positivas alrededor de ese hecho o por lo menos, reconocer que hay otras miradas, otras voces u otras experiencias que hacen de ese hecho una memoria colectiva y por ende, nos reconocemos como comunidad.

Cuando lo hacemos tomamos conciencia de que debemos trabajar como comunidad para que nuestro territorio se transforme y así nuestra experiencia individual también se vea influenciada.

En este proceso con el Centro Nacional de Memoria Histórica hemos viajado a nuestras memorias, descubriendo cómo sentimos esas memorias en nuestro cuerpo, ubicándolas en un espacio de cartografía, dándoles colores, formas y estructura de relato, hemos sembrado los aprendizajes y sentires que nos han dejado esas memorias y las hemos puesto a conversar con las memorias colectivas de nuestros territorios.

Por eso podemos decir que una memoria ejemplar es aquella que trae al presente para reflexionar sobre ella, identificar lo negativo y lo positivo, relacionar con las memorias adyacentes, resignificar y transformar el presente, especialmente nuestra propia forma de actuar y asumir la responsabilidad social que tenemos con nuestras memorias.

¡Ve!

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